sábado, 14 de abril de 2012

¿Mal aura o viernes 13?

Hoy era viernes 13, que es la variante anglosajona del martes 13 español. Y claro, estando aquí, pues yo, en mi afán de mimetizarme con la cultura yankee, he hecho un derroche de mala suerte. Ya sabéis todos que a mí las cosas suelen acabar por salirme bien, pero tengo que pasar muchas penurias hasta que logro encauzarlas. Así que hoy mi mal aura ha estado en todo su esplendor.
La comedia ha empezado esta mañana aproximadamente medio minuto después de despertarme. ¿Para qué quiero yo más que 30 segundos de tranquilidad en un día? Bien, pues abro la puerta del baño, ¿y qué me encuentro? Esto:





Sí, es un maldito agujero en mi techo. Así que María se pone el pijama, el abrigo, y se adentra en una “hermosa” tormenta de verano para ir al apartamento del casero a las 6 y media de la mañana. El tío la verdad es que es bien majete, y se ha encargado de todas las llamadas y apaños pertinentes. Y menos mal.
Ya os podéis hacer a la idea de mi estado de ansiedad, y ni eran las siete… Además me tocó comerme todo el camino hasta el cole con un tormentón del quince, y luego todo el camino de vuelta igual, sin dejar de llover a jarros.
Y por si ya se me había ocurrido la ridícula idea de que mi mala suerte había acabado, aparco en el quinto castaño (¿para qué iba a encontrar un sitio cerca del campus?) y me voy a la biblioteca a hacer mi matrícula online (en sus ordenadores es casi en los únicos en los que se puede hacer). “Error: tiene una cuenta pendiente abierta. Visite la oficina de pagos, por favor”. Corriendo bajo la lluvia a la oficina de pagos. Y ojo a la cuenta pendiente: “Ah, pues sí, tienes una cuenta pendiente, pero es de cero dólares, algo que se ha quedado estancado. Esto te lo liquido ahora mismo y ya puedes hacer la matrícula”. Y vuelta a la biblioteca corriendo bajo la lluvia. “Error: antes de proceder a matricularse su consejero académico debe de autorizarle en el sistema”. (¿Pero qué narices estuve haciendo yo una hora entera ayer con mi consejera?). Corriendo bajo la lluvia hasta el edificio de Ciencias y Trastornos de la Comunicación. Otra vez, ojo a la falta de autorización. “Ah, pues sí, ayer te autoricé mal, abrí el trimestre de otoño en vez de el de verano. Hale, ya esta cambiado. Ahora podrás matricularte sin problema”. Y vuelta corriendo bajo la lluvia hasta la biblioteca. “Proceda a introducir sus cursos/asignaturas” ¡Bien! (ilusa…). Meto la primera asignatura, meto la segunda, todo en orden, meto la tercera, se cuelga el sistema. Reinicio el sistema. Se vuelve a colgar en la tercera. Reinicio el ordenador. Se vuelve a colgar en la tercera. Me cambio de ordenador. Se vuelve a colgar en la tercera.  Me vuelvo corriendo bajo la lluvia otra vez hasta el edificio de Ciencias y Trastornos de la Comunicación a ver si la mujer de administración me comprueba que tenga bien los datos. “Pues sí, los tienes bien, y quedan aún siete plazas en la asignatura… así que no sé, prueba otra vez y si no te deja, pues vas a la oficina de matriculación a ver qué te dicen”. Vuelta a la biblioteca, sí, lloviendo. Esta vez ya no se queda colgado el sistema. Pero no podía ser tan fácil y bonito. “Error: el curso en el que intenta matricularse tiene todas las plazas cubiertas”. ¡Y un egg! ¡Pero si hace 2 minutos quedaban siete plazas libres! Respiración profunda, y otra carrera bien lluviosa hasta la oficina de matriculación. Me miran raro por no saber hacerlo online y tardan 47 segundos (contados) en hacer mi matrícula efectiva e imprimirme el resguardo y el horario para los meses de junio y julio.
Conclusión, que mi baño está a punto de ser arreglado y mi matrícula está hecha. Pero a costa de toda la salud mental que me quedaba para el mes de abril. Así que me repanchingo en la silla, me pongo una serie… y atención al paisaje que tengo de fondo… /mode ironía ON ¡justo lo que me gusta! /mode ironía OFF.



Y yo solo puedo pensar... “pfff… en julio hay otro viernes 13”.

miércoles, 7 de marzo de 2012

¡Felicidades Dr. del Río!

Ya son las doce. Y yo tenía que estar en la cama. Pero es que ya es 7 de marzo, y no me puedo dormir si no felicito antes a una de las personas más importantes de mi mundo.

¡Ainhoa! ¡21! ¡Qué déjà vu, co*o!

Te iba a escribir un email, pero me he dicho, vamos a proclamar a los cuatro vientos que es un día especial. Vale, sé que no te gusta que lo proclame… pero en realidad esto a lo mejor lo leen 3 personas, así que no te preocupes :)

Pues… ¡felicidades! Me gustaría mucho poder darte un beso de cumple, y hasta un abrazo. Y llevarte un montón de regalos en persona. Y cocinar juntas para la merecida celebración. Y planear alguna locura para dar un toque diferente a la fiesta. Y… y tantas cosas.

Porque claro… si normalmente te echo de menos… imagínate en tu día… Aunque estoy segura de que lo vas a pasar rodeada de personas que te quieren hasta el infinito. Algunas muy cerca, y otras en la puerta trasera de un universo paralelo…  Pero como tú bien sabes… c’est la vie! (Ponle ese tonito divertido).

¡Noa! Que no te voy a decir nada que no sepas ya, ¿verdad? Espero que el año que viene vuelvas a cumplir 21 para que podamos volver a celebrarlo juntas.

Te loveeee. Mucho. Mucho. Mucho. (Con todo el permiso de theonlyone, por supuesto, pero es que yo tengo antigüedad, y eso es así).

PD. ¡Ah!, como mi regalo material te va a llegar tarde (entre otras cosas porque yo todavía estoy esperando a que lo traigan), te he preparado una pequeña conmemoración fotográfica.

Esta foto es de cuando cumpliste 21 años (parte 4):


Esta foto es de cuando cumpliste 21 años (parte 3):


Esta foto es de cuando cumpliste 21 años (parte 2):


Y esta de unos días antes de que cumplieras 21 años la primera vez (¿te puedes creer que no tenemos ninguna foto juntas de cuando cumpliste 21 años? Menos mal que hemos tenido más oportunidades): 

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Y tú qué eres? Yo LOGOPEDA =)

Llevo como cinco entradas diferentes empezadas, pero no tengo ganas de terminar ninguna. Qué vaga soy… y qué poco me cuesta reconocerlo (no sé que es más preocupante). Así que he pensado que si quería terminar una tenía que ser de algo sobre lo que tuviera ganas de escribir. Y como ya sabe todo el mundo que una de las cosas que más me gustan en el mundo es mi profesión, pues escribiré sobre ello.


Estoy muy cansada de tener esta conversación. Y sé que todo el mundo que se dedique a este campo la habrá tenido una y otra vez.
Persona: Y tú, ¿en qué trabajas? / ¿qué estudiaste? / ¿qué eres?
María: Pues soy logopeda.
Persona: ¡Ah!, lo de la “R”.
María: Sí bueno, en realidad yo me dedico más a sorderas.
Persona: ¡Ah!, entonces tú… (moviendo las manos sin ningún orden).
María: (Sí, también bailo sevillanas, sonrisa, hombros encogidos) Más o menos… (Cambio de conversación antes de que me ate una coleta).
Bien, pues he decidido hacer una guía rápida de Logopedia para extraños.  Acabaré por imprimir este texto, llevarlo en la cartera, e ir entregándoselo a la gente cada vez que me pregunten…

Antes de empezar, compañeros, se abstengan de criticar la falta de especificidad en las definiciones. Gracias. =) Allá vamos.

El trabajo del logopeda consiste en lograr la máxima funcionalidad en diferentes trastornos, condiciones, patologías… (llamémoslo X). Es decir, la Logopedia no cura, ayuda a acercarse a lo más normal, a lo más funcional, a lo que mejor nos sirva para el día a día. Es importante tener esto claro, porque lo más funcional no es lo mismo para todo el mundo.  Esta funcionalidad se determina en base a la edad cronológica de la persona, sus capacidades y su experiencia.
¿Y en qué tipo de problemas puede ayudar la Logopedia? Pues así bien separaditos, serían problemas de:
  • Fluidez
  • Voz
  • Habla
  • Lenguaje
  • Comunicación
  • Lectoescritura
  • Audición
  • Alimentación (deglución)

Ahora veréis como cada apartado por separado es muy claro. Desafortunadamente, lo habitual es que varios problemas vayan de la mano, complicando un poco la cosa (o haciéndola más estimulante y desafiante para el profesional, todo depende de puntos de vista).
  • Alteraciones de la fluidez del habla: a veces se llama disfemia, disfluencia,... casi todo el mundo entenderá mejor el término tartamudez (aunque, como decíamos antes, no sea muy específico).
  • Problemas de voz: aunque el tecnicismo es disfonía, normalmente lo conocemos como ronquera, o incorrectamente como afonía (la afonía sería la disfonía/ronquera más severa, la incapacidad para producir ningún sonido).
  • Problemas de habla: aquí nos referimos a la articulación. Y no, “lo de la R” no es el único problemilla con el que trabajan los logopedas. Las dificultades de articulación pueden afectar a un sonido/letra/fonema (y lo llamamos dislalia), o a varios (y lo llamamos retraso del habla).
  • Problemas de lenguaje: el trastorno aquí es mayor que la simple articulación (aunque puede incluirla). Aparecen dificultades para construir frases. Por ejemplo, un niño con retraso del lenguaje puede estar haciendo frases de dos palabras (como “nene pelota”) cuando tiene ya  4 años. Dentro de este grupo se pueden oír nombres como: Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), retraso del lenguaje, disfasia, afasia...
  • Problemas de comunicación: cualquiera de las categorías anteriores puede ir de la mano con un trastorno de la comunicación (es decir un problema para transmitir el mensaje). Sin embargo, yo dejo esta categoría para aquellos problemas que no podemos incluir en las demás. A mi entender, serían trastornos de la comunicación las dificultades en la parte pragmática del lenguaje, los trastornos de las habilidades sociales,…
  • Problemas de lectoescritura: dificultades para leer y/o para escribir. Todo el mundo ha oído hablar de las dislexias, aunque también hay disgrafías, disortografías, discalculias, dispedagogías,...  
  • Problemas de audición: hipoacusias (sorderas parciales) y sorderas (totales). Podría dedicar horas y horas a escribir sobre las pérdidas auditivas, pero solamente diré que son parte de la práctica de los logopedas porque, de manera natural (sin ayudas), solo somos capaces de aprender a decir aquellas cosas que oímos. Y no hace falta bailar sevillanas para trabajar con personas sordas. Se llama Lengua de Signos (o Lengua de Señas en algunos países). Y tampoco hace falta hablar lengua de signos para trabajar con personas sordas. Mis niños solo aprenden lengua de signos si lo deciden los padres (en muy raras ocasiones). Lo habitual es que hablen oralmente.
  • Problemas de alimentación (deglución): también forma parte del trabajo de los logopedas ayudar a superar los problemas para tragar. De otros logopedas, porque yo, todo hay que decirlo, no tengo ni idea.

Así que, como podéis ver, los logopedas hacemos muchas más cosas que “lo de la R”. De hecho, personalmente lo considero una de las intervenciones más aburridas.

Y ahora bien, ¿cómo debería responder a la pregunta de a qué me dedico? Pues... mis niños llegan a mí porque todos comparten la peculiaridad de tener una deficiencia auditiva (es decir, problemas de audición). Debido a esto, podrían desarrollar problemas de voz (si no oyen correctamente su voz, puede que no sean capaces de modularla correctamente); problemas de habla (igualmente, si no oyen un sonido, necesitarán ayuda para aprender a emitirlo); problemas de lenguaje (esa falta de acceso a los modelos puede suponer que tarden en adquirir el lenguaje o lo adquieran con defectos); problemas de comunicación (imaginaros lo difícil que puede ser mantener una conversación, o cómo esto puede repercutir en las relaciones sociales por ejemplo); problemas de lectoescritura (si el lenguaje es deficitario, su codificación gráfica -escritura- también se verá afectada); e incluso de alimentación (la deficiencia auditiva puede ser consecuencia de un síndrome que entre otros aspectos afecte a la deglución).

Lo bonito de mi trabajo es conseguir que un niño que potencialmente pueda tener tantas dificultades, desarrolle un lenguaje apropiado. Y cuando ves a un enano con todos sus aparatejos, hablando como lo haría cualquier compañero de su edad... entonces sabes que descifrar todo el jeroglífico ha valido la pena. Y mucho.

lunes, 30 de enero de 2012

Motivación (hasta) en época de exámenes

Finales de enero. La mayoría de mis amigos están inmersos en el mundo de los exámenes, entregas, y demás. Ni sé las veces que he escuchado en los últimos días frases como: "Es que no puedo ponerme con ello",  "quiero pero no tengo suficiente fuerza de voluntad", "me duermo",...
Creo que es algo que, en un momento o en otro, nos pasa a todos. Siempre hay algo que nos cuesta más. Y estudiar, suele estar entre esas cosas. Y más cuando sufres del Síndrome del Estudiante. Sí. Es la mejor excusa que he encontrado en siglos y la seguiré utilizando.
En mi caso, estudiar no es de las cosas que más me cuestan. Pero aún así, siempre está esa asignatura atravesada. Siempre está esa Química o esa Estadística.
Pero bueno, el caso es que hay formas de conseguirlo. No sé si muchas o pocas, y no sé hasta qué punto eficaces. Pero oye, si a mí me funcionan, con lo vaga que soy, es imposible que no le funcionen al resto del mundo.
Todo es cuestión de motivación. La motivación es, según su etimología, la causa del movimiento. Es la razón por la que hacemos las cosas.

Existe un tipo básico de motivación, que todos experimentamos, y que se llama motivación física o fisiológica o Motivación I. Es decir, la fuerza que nos mueve a hacer las cosas es un estímulo físico, de nuestro propio cuerpo. Ejemplos de esta motivación son el hambre (que nos hace comer), el cansancio (que nos hace dormir),... Al ser el tipo más básico y primitivo de motivación, es el más fuerte, y para cambiar comportamientos vinculados a esta motivación se requieren grandes dosis de otros refuerzos o motivaciones. Por eso requiere mucha fuerza de voluntad quedarse una noche estudiando (el refuerzo a cambio no es muy agradable) y no tanta quedarse una noche de fiesta (el refuerzo supera las ganas de dormir).

El siguiente tipo de motivación se deriva de las teorías conductistas (Skinner y otros amigos), y se basa en los refuerzos. Motivación II. El problema es que para la correcta aplicación de refuerzos, existe toda una ciencia. Y, muchas veces, una aplicación incorrecta nos lleva a unos resultados bastante diferentes de lo que nos esperamos. Espero poder escribir, en breve (quizás en la próxima entrada) sobre estos resultados imprevistos. Pero, para lo que hoy nos concierne, aquí os dejo un par de tipos de refuerzos para aumentar nuestra motivación frente al estudio. Para mí, los que mejor me funcionan:

  • Refuerzo inmediato: sobre todo cuando una asignatura no me gusta mucho, o cuando el contenido es muy denso, divido mi estudio en periodos cortitos. Por ejemplo, de 30 minutos. Y los intercalo con otros periodos, pongamos de 10 minutos, de otra actividad (salir a la sala donde están mis compañeros de piso, ver un trocito de una peli, dar un paseo a la cocina, echar un vistazo a las redes sociales,...). De esta manera no me da tiempo a aburrirme y en cada periodo de media hora, empiezo con ganas. ¡Ojito! Es importante hacernos con un buen sistema de alarmas y cumplir cuando nos toque volver a ponernos a estudiar.
  • Refuerzo a largo plazo: antes de enfrentarme a un periodo de exámenes, selecciono algo que me guste (y que me pueda permitir, claro). Y me fijo un objetivo tras el que podré obtener mi recompensa. Por ejemplo, solo voy a este viaje o solo me compro este abrigo, si saco más de un 8, o si apruebo todas, o... Aquí ya cada uno se pone sus propias metas y sus propias recompensas.
Llevo utilizando estos dos sistemas desde que empecé la Universidad y dejé de tener a mi madre cerca cada tarde repitiéndome que tenía que ponerme a estudiar. A quién vamos a engañar... ese el mejor motivador que todos tenemos...

Además, existe un tercer tipo de motivación, Motivación III. Mucho más interesante si nos fijamos en su eficacia, pero también mucho más difícil de conseguir. En etapas de educación de nivel bajo, es un tipo de motivación casi imposible de lograr (en mi opinión, claro). Y conforme vamos eligiendo qué, cómo, dónde y para qué estudiar, esta motivación va ganando al resto. Por eso es importante que elijamos lo que nos gusta, y no lo que nos conviene o lo que nos digan.
Esta motivación es de tipo intrínseco, y de ahí su fuerza. Es la propia persona la que establece el interés hacia el objeto de estudio o de trabajo y realiza las actividades para demostrarse, a sí mismo, que es capaz de superarse y de avanzar siempre. Es la motivación que tenemos cuando hacemos algo por placer, por el mero hecho de que nos gusta. Es la motivación que deberíamos tener todas las mañanas cuando nos levantamos (a las 6) y nos preparamos muertos de sueño para ir a trabajar o a estudiar. Y nuestro refuerzo, es simplemente la satisfacción de hacer las cosas bien, de desarrollar maestría en nuestro campo, de aprender nuevas cosas, o de ser mejor persona.

miércoles, 11 de enero de 2012

Cuando las personas merecen la pena

En las últimas semanas he estado manteniendo conversaciones muy interesantes sobre la necesidad de tener gente a nuestro alrededor y sobre qué hace que esta gente merezca la pena (o más bien merezca nuestro esfuerzo).

Parece que todos tenemos más o menos claro que las personas somos seres sociales por naturaleza. Pero, ¿hasta qué punto llega esa necesidad de socialización? La gente que me conoce bien, sabe que yo soy bastante asocial. No me gusta que me toquen, no me gusta que me abracen (al menos durante mucho tiempo),… y sobre todo, no me gusta estar con la gente porque sí. No entiendo esa necesidad acuciante de estar con gente, incluso con gente a la que no conoces.

Aun así, reconozco que me gusta estar con ciertas personas. Y hasta me dejo abrazar “casi” sin inmutarme. Pero eso sí, se trata de un grupo muy selecto de personas. Y, ¿qué hace a estas personas especiales para mí?

Puede parecer un poco materialista, pero sigo manteniendo la opinión de que, para esforzarte y apreciar una relación, esta tiene que aportarte algo. En realidad, esa aportación no tiene por qué ser material. Más bien, en mi caso, no se trata de nada material. Cada uno deberá decidir qué necesita, o qué quiere que le aporten sus relaciones.

Diferentes personas nos aportaran diferentes cosas. Personalmente, tengo la suerte de contar con muchas aportaciones (o al menos para mí son muchas), que me hacen sentir que la gente que he decidido que esté a mi alrededor merece la pena.

Y, ¿cuándo creo que alguien merece la pena?

  • Cuando a su lado siento que puedo ser mejor persona, y me esfuerzo por ello. Supongo que esto es básico. Si alguien te hace ser peor persona… bueno, simplemente no creo que eso funcione. 
  • Cuando junto a esa persona, tengo la sensación de que puedo pasar por lo que sea. Lo extremadamente bueno y también lo extremadamente malo. Cuando siento que me apoya, que me ayuda a levantarme, y también a echarme las mejores risas de mi vida.
  • Cuando entiende mis sentimientos sin que tenga que expresarlos. Hablar de nuestras emociones no siempre es fácil y siempre hay alguien que es capaz de entender como me siento sabiendo mis circunstancias. Y eso puede llegar a ser tan importante…
  • Cuando me aporta estabilidad. Bueno no. En realidad cuando me aporta justo lo que necesito. Que unas veces es estabilidad, y otras, un puntito de locura.
  • Cuando se acomoda a mí, incluso si es lo que menos le apetece en ese momento.
  • Cuando, sabiendo que estoy abajo, coge la mejor película, un bol de palomitas y tres bolsas de chuches (de a dos euros de la máquina expendedora de letras), y consigue dar la vuelta al día.

La pregunta de reflexión final es, ahora que tengo más o menos claro lo que me gusta que me aporten, ¿estoy yo siendo justa en ese intercambio?, ¿también yo aporto algo así?, ¿también yo consigo que los demás sean tan felices como ellos me hacen a mí? 

sábado, 7 de enero de 2012

Psicología de la Amistad según Ruiz Montes

Llevo escribiendo esta entrada bastante tiempo, y es que nunca acabo de encontrar exactamente lo que quiero decir. Para hacerla acorde con mi último post, digamos que esto enlaza con el propósito #11.
Valorar mejor a las personas que tengo a mi alrededor. Y expresar mis valoraciones. Las buenas y las malas.
No, no está mal redactado. No significa valorar más, sino valorar mejor. Algunas personas merecen que las valore más, y otras, que deje de valorarlas tanto. O eso creo.

Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que, por lo general, las personas en sí no tienen suficientes herramientas para influir en nuestros sentimientos, bien sea de modo positivo, o de modo negativo, sino que todo depende de la valoración (o idea, o creencia) que tengamos sobre ellas. Sería algo así como la teoría de Albert Ellis, por la que las situaciones a nuestro alrededor no son la causa directa de nuestros sentimientos o emociones, sino que estos se derivan de las creencias (valoraciones o ideas) que tenemos sobre esas situaciones.

Un ejemplo para clarificar:

Situación: Has estudiado mucho para un examen difícil y al final lo has suspendido.
Creencia 1: Crees que tus padres no te valoran lo suficiente y que no van a entender tus esfuerzos y, por lo tanto, van a castigarte.
Sentimiento 1: Rabia, enfado, ansiedad.
Creencia 2: Crees que tus padres te entienden y saben que te has esforzado al máximo, sabes que seguirán apoyándote y valorando tu esfuerzo.
Sentimiento 2: Cierto grado de decepción, ganas de superación personal.

Como podemos ver, los sentimientos no son consecuencia directa del hecho de haber suspendido el examen, sino que dependen más de lo que creemos acerca de ello. Esta teoría se basa en cambiar nuestras creencias para cambiar y controlar nuestros sentimientos y emociones.

De igual manera, las creencias (valoraciones o ideas) que tenemos acerca de las personas que nos rodean hacen que las interacciones con ellas nos afecten de una manera o de otra.

Ejemplo ilustrativo dos:

Situación: Te enteras de que una persona ha estado diciendo cosas, digamos poco agradables, sobre ti.
Creencia 1: Valoras mucho a esa persona, la consideras un gran amigo y tienes toda tu confianza depositada en ella.
Sentimiento 1: Rabia, tristeza, soledad.
Creencia 2: Apenas conoces a esa persona y nunca habéis tenido relación, por lo que te es indiferente.
Sentimiento 2: Probablemente indiferencia, curiosidad si cabe.
Creencia 3: Conoces a esa persona de una relación pasada. Aunque la valorabas mucho, ahora ha pasado a estar fuera de tu vida. (Vaya, ex-es en general, examigos, exparejas,…). 
Sentimiento 3: Más allá de la indiferencia, te puede hasta hacer gracia, e incluso puedes llegar a sentir lástima por la otra persona, que aún no te dejó atrás.

¿A que alguna vez nos hemos sentido identificados con algo de esto? Bien. Esta es la razón de que uno de mis propósitos sea valorar mejor a las personas. Si la creencia que tengo sobre cada persona, es ajustada a la realidad, sus acciones repercutirán en mí (y en mis emociones) en su justa medida. No me emocionaré de más, ni de menos.

Y pensaba terminar este post hablando de qué hace (a mi parecer) que una persona merezca una buena valoración. Pero esto ya es suficientemente denso y largo. Así que,… mañana será.

miércoles, 4 de enero de 2012

2012. El año en el que todos construiremos nuestros refugios anti zombis :)

Ya estamos a 4 de enero y yo sin escribir mis propósitos. Venga Marichu, que ya quiero saber de qué me voy a tener que arrepentir dentro de dos meses. La verdad es que el comienzo de año ha sido tan agitado que ni me había parado a pensarlo, pero por otra parte, me he dicho: ¿Escribir una lista?, ¡pero qué hay mejor que eso! Así que, solo medianamente meditados, aquí están mis diez millones de propósitos, espero que el mundo me dure lo suficiente para cumplirlos, o si no, para poder arrepentirme de no haberlo hecho y reinventarlos…

  • Propósito 1. Dejar de tener miedo al futuro. Perder los nervios por no saber qué va a pasar. Dejar las cosas fluir. Mi experiencia me dice que al final, suele salir bien… pero el miedo a lo desconocido aún me puede.

  • Propósito 2. Estudiar más, y con más sentido común. No dejar las cosas para el último día. Hacer los trabajos cuando aún tengo tiempo de que surjan imprevistos. La verdad es que ni sé para qué me molesto es escribir esto. Todos sabemos que no lo voy a cumplir… pero os recuerdo que es una enfermedad catalogada.

  • Propósito 3. Mejorar en constancia. En tantas cosas que no tendría espacio en la web para escribirlas. Por ejemplo,… mejorar en constancia en lo que a mis amigos se refiere, escribirles y llamarles más a menudo, intentar mantener el contacto con aquellos que están lejos; mejorar en constancia y echarme los potingues de la cara cada día (y no dejar los botes casi nuevos como hago siempre); mejorar en constancia y actualizar el blog, aunque solo sea de vez en cuando.

  • Propósito 4. Reírme mucho. Y sonreír el doble. No parece tan difícil, pero de cuando en cuando sonreír se me hace muy cuesta arriba. A veces es falta de ganas, y otras, falta de costumbre… ¡y no sé cuál es peor!

  • Propósito 5. Preocuparme y ocuparme más de los míos. Acordarme de decirles más a menudo cuánto les quiero y por qué. Este propósito será de los pocos que no me cuesten nada, pues cada día quiero a mi gente un poco más que el día anterior.

  • Propósito 6. Seguir mejorando como profesional. Estoy segura de que el 2012 me depara las primeras palabras de mis primeros bebés. Y espero hacerlo lo mejor posible.

  • Propósito 7. Encontrar el mejor piso del mundo. Convertirlo en mi hogar. Y llenar cada rincón de recuerdos agradables. Y… ¿cómo no?, que sean ambas, mi family y mi framily, las que me ayuden a ello.

  • Propósito 8. Ayudar más (o igual mejor) a los que me necesiten. Darme cuenta antes de lo que necesitan las personas a mi alrededor, y proporcionarles mejores atenciones. Y también, dejarme ayudar más, que es un poco más complicado.

  • Propósito 9. Dejarme abrazar más. Esto no está muy meditado. Pero prometo pensármelo dos veces antes de negarme a dar abrazos sin motivo. 

  • Propósito 10. Seguir siendo feliz. O intentándolo. Y sobre todo, más importante aún que ser feliz, seguir intentando ser feliz aun cuando no lo esté siendo.

  • Propósito 11. Valorar mejor a las personas y/o (u, ae ae) las cosas que tengo a mi alrededor. Y expresar mis valoraciones. Las buenas y las malas.

  • Propósito 12. Dejar de dar vueltas a las cosas. Cuando algo se acaba, se acaba. Y cuando algo no puede cambiarse, es preferible dedicar tiempo a pensar cómo voy a acomodarlo en mi vida, antes que pensar en qué extraña manera sobrehumana podría hacer algo al respecto.

  • Propósito 13. Revisar mis propósitos. Como los programas de intervención que tan acostumbrada estoy ya a redactar. Objetivos revisables a tres meses, cabiendo modificación, ampliación o eliminación de los mismos para que se ajusten al individuo o a su entorno.


Después de todo ¿sabéis por qué los propósitos de año nuevo casi nunca se cumplen? Porque no están bien formulados. Para que un objetivo sea alcanzable, debe ser adecuado al individuo, revisable, realista y medible. Por otra parte, siempre nos quedará confiar en la motivación, que puede vencer incluso a un objetivo mal formulado. ¿PERO QUÉ ****? Si en realidad tenemos muchas más cosas en las que confiar. En la motivación (que sí, que iba en serio), en el entorno (véanse nuestra familias o amigos), y en el terapeuta. Y dado que en estos propósitos los terapeutas somos nosotros mismos… ¡este año sí que sí!

domingo, 4 de diciembre de 2011

Aprendiendo a valorar la vida

Ayer, mi amigo Víctor escribió una entrada preciosa en su blog, echadle un vistazo en  http://disparadordepalabras.blogspot.com/2011/12/personas.html . Habla sobre valorar lo que tenemos. O más bien sobre valorar a aquellas personas con las que contamos. Eso que tanto nos cuesta hacer.

Total, que me ha dado un poco de envidia y me ha apetecido a mí también hacer una pequeña reflexión sobre diferentes cosas que, con el tiempo, he aprendido a valorar.


  • He aprendido a valorar a mi familia. Después de haber estado deseando durante bastante tiempo poder vivir sola, desde la distancia aprendí a comprender la importancia que tenían. Y contra todo pronóstico, tras 4 años de total libertad, y con todos mis conocidos cuestionando mi decisión, no solo fui capaz sino que fui muy feliz volviendo a vivir en casa. Fue una segunda oportunidad, que me permitió volver a disfrutar de los lujos de vivir cuidada por mis padres.

  • He aprendido a valorar a mis amigos. A los de verdad. A esos que sabes que no te van a fallar. No. En realidad a esos que sabes que vas a ser capaz de perdonar incluso aunque te fallen. Esos amigos que están ahí. Esos a los que solo con el “hola” de iniciar la conversación saben si estás bien o mal. Esos que reconocen tus virtudes. Es más, esos que conocen tus defectos y no solo los aceptan, sino que te ayudan a reírte de ellos.

  • He aprendido a valorar el esfuerzo. Me he dado cuenta de que la suerte tiene un porcentaje muy bajo de éxito en mi vida, y que para conseguir algo, necesito esforzarme.

  • He aprendido a valorar la educación que he recibido a lo largo de toda mi vida, a ser crítica al respecto y a discernir qué educadores me aportaron (y me siguen aportando) algo, y cuáles no. Incluso aunque a veces me de rabia admitirlo.

  • He aprendido a valorar a las personas y todas aquellas cosas que son capaces de crear, me gusten o no. Una expresión de cualquier tipo merece todo el respeto solo por haber sido creada. Y una persona que crea es una persona que aporta algo nuevo al mundo.

  • He aprendido a valorar que todo el mundo puede enseñarme algo, sobre todo aquellas personas de las que creo que no puedo aprender mucho.

  • He aprendido a valorar las cosas pequeñas, los detalles, los regalos porque sí, los besos inesperados, los mensajes a medianoche,…

  • He aprendido a valorar que, aunque mi vida no es perfecta, es la que me ha tocado vivir. Y por muchos defectos que encuentre, ni se van a ir por sí mismos, ni van a desaparecer porque los ignore. Esto es lo que hay. Y en realidad… me gusta.

Gracias a todos los que me ayudáis a arreglar y valorar mi vida cada día un poquito más. Porque hacerlo todo sola… sería aburridísimo, y dificilísimo. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Yo-Ho Yo-Ho, a Pirate's life for me

Como estaba  previsto, sobreviví a las dos entregas (acompañadas de sus dos exposiciones). Y ahora estoy a punto de terminar. Unas poquitas horas más de trabajo, que tendrán lugar durante el fin de semana, y daré por finalizado este semestre.

Tengo sueño, me duele la cabeza, y la lista de tareas pendientes para mañana es algo... larga. Pero aún así, la mañana de hoy ha sido lo suficientemente especial como para escribir algo al respecto.

Los niños de mi colegio están preparando la función de Navidad. La obra estrella se presenta mañana en un hotel, en una especie de recopilación de festivales navideños de varios colegios. Y después la presentan, junto a otras actuaciones, en el salón de actos del cole, el viernes que viene.

Hoy por la mañana era el ensayo general antes del concurso. Y he ido con mis niños del Preschool (que aún no participan) a ver a los "big kids", mis otros niños. Digo mis otros niños porque aunque no son mis alumnos en clase, son mis protegidos en el comedor.

Ha sido increíble. La obra, para aquellos que saben apreciar las grandes historias, es Hook. Y lo hacen genial. Hay niveles lingüísticos muy diversos. Sobre todo teniendo en cuenta que los niños que se quedan en este colegio (específico de sordera) lo hacen porque no se encuentran aún preparados para ir a la escuela ordinaria (donde acaban casi todos). Unos hablan más deprisa y otros despacito. Unos vocalizan muy bien, y otros tienen su punto fuerte en la entonación. La mezcla es enorme. Pero lo verdaderamente alucinante es el desparpajo que se gastan sobre el escenario. Se esfuerzan hasta el sudor para que sus líneas se entiendan bien, y no dejan de reírse cuando se equivocan. Creo que deberíamos copiar bastantes ideas de estos niños.

Hemos reído. Un montón de hecho. Y por supuesto ha habido esos típicos momentos "sordos". Como cuando a uno de los piratas se le ha caído la espada mientras hablaba y esta no ha hecho suficiente ruido como para percibirlo. Al llegar el momento de echar mano de ella, ha mirado para todos los lados buscándola, medio loco. Y el público señalando al suelo. Algo tan simple como eso. Incluso cuando no vemos que algo se nos ha caído, nos agachamos reflejamente a por ello según oímos el ruido.

Y también hemos llorado. Lágrimas de emoción cuando han conseguido decir esa frase que tanto ensayo les ha llevado. O cuando, entre ellos y mediante signos, se daban pistas sobre una parte que se le olvida al compañero. O cuando todos juntos, 20 implantes cocleares y otros tantos audífonos, consiguen entonar un We Wish you a Merry Christmas como cualquier otro grupo de niños. ¿Y por qué me emociono con esto cuando he visto festivales de Navidad mil veces? Pues porque este se empieza a preparar casi en septiembre. Porque para un villancico que solo tiene dos frases, necesitamos meses de trabajo. Necesitamos horas de lengua, de música, de logopedia, de tareas en casa,... Necesitamos que todo el mundo participe y que el esfuerzo sea el máximo. Cuando te paras a pensar en todo lo que han estado haciendo para que ese villancico suene así, las lágrimas se escapan solas.

Y después de todo... ¿qué ha sido lo mejor de la obra? Tinkerbell, sin duda (Campanilla). Interpretada por Jesse, un chico de unos 13 años. Lo más macarra que tenemos en el colegio. Y que ha dado vida a una Campanilla con pantalones de camuflaje, botas de soldado y pintura de guerra en la cara. Eso sí... con los polvos mágicos en el bolsillo (manteniéndose fiel al personaje).

¿Y lo mejor por encima de la obra? Para mí, cuando mucho después de la actuación (¡3 horas después!), Nathan me ha venido cantando una interpretación personal de "Yo-Ho Yo-Ho, a pirate's life for me". Digo personal porque aunque solo se entendía bien el yo-ho, la melodía era inconfundible. Y todo porque la ha oído en la actuación. Sí, es sordo. Y sí, ha oído una canción, le ha gustado, se ha quedado con ella, y la ha cantado más tarde.

Solo me queda una semana para irme y ya sé que les voy a echar de menos. Y sobre todo porque lo último que vea de ellos será esta obra, el viernes 9, unas poquitas horas antes de coger el avión.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El orgullo de entregar siempre a tiempo.

Mi mente tiene una fiesta continua. El jueves que viene tengo que entregar dos trabajos.

Evaluación de investigaciones sobre Trastornos de la Comunicación:
  • Escoger cuatro artículos con dos visiones sobre un tema (dos artículos por punto de vista claro). Al principio quise escoger los artículos sobre implantes auditivos de tronco cerebral e implantes auditivos de mesencéfalo. Total, que casi toda la investigación al respecto está en italiano. Esto me pasa por considerar que Italia no era un lugar digno para hacer un Erasmus. Así que finalmente he escogido dos artículos sobre doble implante coclear de manera simultánea (una súper operación para poner los dos implantes o bien dos operaciones pero esperar para activar los dos dispositivos al mismo tiempo). Y otros dos artículos sobre doble implante coclear de manera secuencial (primero un implante, rehabilitación,... y cuando ya te manejas con él, pasar por lo mismo con el otro oído).
  • Escribir unas 6 - 8 páginas sobre la naturaleza de la investigación. Qué miden, a quién, cuándo, por qué y con qué resultados.
  • Elegir dos artículos (uno de cada bando) y hacer un análisis en profundidad de cada uno.
  • Preparar una presentación de powerpoint para los compañeros de clase sobre la naturaleza de la investigación.
  • Preparar un folio para los compañeros de clase en el que dé la información básica y las fuentes.

Asesoramiento y orientación a personas con Trastornos de la Comunicación y sus familias.
  • Leer un libro a elección (en mi caso If a Tree Falls, de Jennifer Rosner).
  • Escribir unas 6 - 8 páginas sobre el libro. Argumento, momentos en los que los personajes demuestran o necesitan habilidades de asesoramiento y orientación, cómo hubiera actuado yo en esos momentos y qué me aporta el libro para mi futura práctica profesional.

A martes, tengo los dos trabajos a medias. Es decir, que mañana me tengo que pegar una tarde de lujo terminando las dos entregas (menos mal que ninguna de las dos es extremadamente larga).

Pero en vez de tener ganas de ponerme a trabajar, me apetece cualquier otra cosa. Ahora mismo, meterme en la cama y dormir unas 10 horas seguidas (cosa que ya es imposible porque dentro de 7 tengo que estar en la ducha).

Claro que, si por algo soy conocida entre mis amigos y mi familia, es por entregar mis trabajos a tiempo. Creo que nunca me he retrasado en una entrega. Ni cuando teníamos que hacer entre dos el trabajo de cinco personas; ni cuando me acuerdo a las 3 de la mañana que al día siguiente a las 7 hay que tener preparado un resumen; ni siquiera cuando solo quedaban tres días para hacer un proyecto de más de seis meses que no estaba empezado.

Tan importante como saber realizar los trabajos, es saber cuánto tiempo me va a llevar hacerlos. Y en eso soy un hacha. Soy la mejor... apurando hasta con fracciones de hora. Y aunque en momentos como esta noche me parece que tengo que cambiar mi sistema, hoy he descubierto que lo mío no es pereza, ni manía. Es un síndrome. Sí. Un síndrome tipificado. Se llama el Síndrome del Estudiante y ha sido descrito por Eli Goldratt. 

Así que, si teníais alguna intención de ponerme un comentario ofensivo, absteneros. No es políticamente correcto menospreciar a las personas con dificultades.

Si por el contrario os habéis sentido identificados... averigua si sufres el Síndrome del Estudiante.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El bolso, el Tetris y las influencias de Doraemon

Hoy me han dicho que debería hacer público el contenido de mi bolso. Siempre va a tope, pero siempre lleva de todo. Y la gente a mi alrededor suele flipar bastante.

Os contaré una pequeña anécdota que me sucedió hace unos cuantos añitos, estando en tercero o cuarto de E.S.O., con un chico de segundo de Bachiller.

  • Chico tímido: Eres María Ruiz, ¿verdad?
  • María confundida: Sí...
  • Chico tímido: ¿Tienes un martillo? Es que me han dicho que te lo preguntara a ti.

No. No tenía un martillo. Claro que si me hubiese pedido unos alicates...

En fin, que hoy voy a desvelar mi secreto, y veréis como no llevo nada fuera de lo normal (creo).

Para empezar, este es mi bolso. En inglés su nombre es totebag. En español no tengo muy claro que tenga nombre. Es muy grande y cabe de todo (ya lo veréis).


Lo primero, que siempre llevo y me saca de muchos aprietos es mi portátil. Con su funda nueva. ¡Rosa! Que me tiene enamorada. Aquí hay WiFi en prácticamente todos los sitios, así que siempre que lo necesite puedo estar enchufada al mundo.


Y con el ritmo de vida que llevo últimamente este es mi segundo imprescindible. Ibuprofeno. Como veis aquí hasta las medicinas vienen en envoltorios con estilo. Es como la tercera o cuarta cajita que tengo, porque cuando no me duele la cabeza, me duele un brazo... Al final, rozaré la dependencia como el año de mi otitis.


También llevo siempre mi cartera, con el carnet de conducir (bueno, y de identidad, que aquí son el mismo) y la tarjeta de crédito. 


Llena de fotos de mi family........................................................................................... y de mi framily.










Llevo las llaves. Del coche y de casa. Y mirad que identificadores más bonitos les he comprado. Ahora puedo diferenciar las llaves de casa de las llaves del laundry room (lavadero). Y ya no parece que intento atracar en mi propio edificio mientras pruebo todas las llaves antes de entrar.




Por supuesto, el minineceser que toda mujer ha de llevar en su bolso, y un paquete de pañuelos. Sí, son del DIA. Todavía me quedan de los que me traje en verano. Como en el colegio siempre hay cajas de pañuelos por todos los sitios... casi no uso estos.


Una cinta del pelo y una pinza... que cuando el día es muy largo se agradecen mucho. Pasas de parecer una loca que no se peina a parecer una chica lo suficientemente ocupada.


Las gafas... no sea que las lentillas se me salgan... y me convierta en la Mujer Topo.


Mi súper móvil. Sí. Lo admitáis o no, sé que envidiáis mi Kyocera. Bueno, tranquilidad, cuando vuelva a las Españas lo rifo entre todos... aún tenéis una oportunidad de conseguirlo. Ahora, que estoy segura de que lo que sí que envidiaríais es mi tarifa plana: 35 dólares (lo equivalente a 27 euros), incluye llamadas a fijos y móviles nacionales de cualquier compañía y mensajes. Y no existe el establecimiento de llamada. Ni el límite de minutos o de mensajes. Así que pago 35 dólares por hablar y escribir tanto como quiera.


Los cascos. Son blanditos, suprauriculares y recomendados por un audiólogo. Los amo, hace mucho que no tenía unos cascos tan buenos.


50 dólares y 50 euros. Porque una nunca sabe cómo puede acabar el día.


Mi bebida.............................................................mi snack..............................y el lunchbox con mi comida.






¡Belén! Mira mis barritas. Son de frikis (Golden Grahams). Te encantarían.


La carpeta con mis apuntes. Todo muy corporativo con el nombre de la universidad. Esta en concreto es la de Evaluación, que sea dicho, es mi asignatura favorita.


Algo de lectura ligera. Intervención Comunicativa del nacimiento a los tres años y Profesionales escolares trabajando con niños con Implantes Cocleares. Parezca lo que parezca, dos libros muy interesantes.


La agenda, por supuesto. Un boli y los Post-It de diseño. Esto es imprescindible cuando me entra el ansía creadora de listas.


Una camiseta de repuesto, que trabajando con niños nunca se sabe. ¡Ainhoa!, mira que bonita ha quedado customizada. A mis niños les encanta porque por detrás tiene una friendly mummy girl.


Como veis no son tantas cosas, solo las necesarias. Y muy bien compactadas, eso sí. ¡Ah!, la próxima vez que necesitéis cosas extrañas, preguntad a otra persona... que yo no soy tan rara como creéis.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Cuatrimonio

Ayer escribí un poquito sobre mi framily, y sobre lo feliz que soy por formar parte de una. Pero además de una framily excepcional, también tengo la suerte de tener la mejor familia del mundo. ¿Que por qué? Pues estas son las quince razones por las que creo que mis padres y mi hermana deben estar en el top ten de las familias.

  1. Porque eso de las familias disfuncionales no va con nosotros.
  2. Porque me llaman durante una hora diaria aunque no tengan nada que decirme.
  3. Porque el matrimonio, así sin más, es para novatos.
  4. Porque que te enseñen lo que es música de verdad, no tiene precio.
  5. Porque me dicen siempre la verdad, aunque sepan que me vaya a doler.
  6. Porque ser diferente se mama desde la cuna.
  7. Porque me apoyan hasta en locuras como irme al otro lado del mundo.
  8. Porque compartir aficiones con tus padres no está nada mal, pero compartirlas con tu hermana es lo mejor que hay.
  9. Porque en mi familia cocemos habas como para acabar con el hambre en el mundo y todavía no nos hemos vuelto locos.
  10. Porque saben que tan importante es acompañar en los éxitos como en los fracasos.
  11. Porque entienden que cuando todo me sale complicado, no es culpa mía, sino de mi aura.
  12. Porque nunca tengo que preocuparme si se me rompe el ordenador.
  13. Porque el trabajo de uno es el trabajo de todos, y lo mismo organizamos carreras, que pintamos fondos marinos de papel pinocho, o damos un lunch para doscientas personas.
  14. Porque la hora de la comida, con los cuatro juntos, puede ser un no parar de reír.
  15. Porque la familia que va al colegio unida, permanece unida.

Framily


Framily es una de mis palabras favoritas. La gente que tenga framily, me entenderá. Es un neologismo anglosajón que surge de la unión de friends (amigos) y family (familia). De momento, es una palabra que solo está recogida en los diccionarios de slang o vocabulario de la calle. Como ya habréis deducido, el concepto framily incluye a aquellas personas que, sin relación de sangre, tú has escogido para que formen parte de tu familia. Son esos amigos que están en igualdad de condiciones con tus hermanos, tus primos o tus padres.

Y digo que es una de mis palabras favoritas porque es una suerte poder disponer de una framily. Normalmente, y aunque nos llevemos bien con nuestra familia (como es mi caso), esta suelen ser tres, cuatro, cinco personas. Sin embargo, nuestra framily nos permite aumentar el número de confidentes y apoyos.

Creo que la primera vez que sentí que tenía una framily fue el día que cumplí veinte años. Mi cumpleaños en el 2007 cayó en martes, así que no pude ir a casa de mis padres a celebrarlo, como había hecho siempre. La verdad es que me pasé la mitad de la noche del lunes llorando pensando que iba a pasar mi cumpleaños medio sola. Sin embargo, al día siguiente Mayte y Ainhoa se tiraron todo el día conmigo. Estuvimos en las prácticas, comimos en la facultad (con anécdotas que pasarán a la historia), fuimos a clase,… Vaya, un día de lo más normal, pero ellas consiguieron hacer que me sintiera feliz, que disfrutara de mi cumple. Tal y como hubieran hecho mis padres.

Ahora, mi framily ha cambiado un poco, aunque algunas personas se mantienen. Somos una framily de pocos miembros, pero bastante unidos. Sí, esas personas son mis amigos, pero… también son algo más. No puedo evitar consultarles cuando he de tomar una decisión importante; ni puedo evitar dar mi opinión cuando la decisión es suya. Comparto con ellos todos mis momentos importantes, los buenos y los malos. Y casi no puedo imaginar nada mejor que pasar mi tiempo con ellos, sin necesidad de hacer nada, solo tranquilos, estando.

A todas estas personas (que perfectamente saben quiénes son), solo puedo darles las gracias. Mil gracias por estar ahí para mí cuando os necesito. Y otras tantas por dejarme a mí estar ahí para vosotros. Siempre. Gracias por ser mi framily.

Antes de acabar, hoy tengo doble entrada. Mi amigo Víctor (que sí, es parte de mi framily) me pidió una colaboración en su blog, así que... visita obligada a http://disparadordepalabras.blogspot.com/ para leer mi otro post.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Teoría de Listas I (3 créditos, obligatoria, primer cuatrimestre)

Quedan dos semanas para tener que ponerme a hacer la maleta, pero sí. Ya he hecho mi lista. Esta vez es bastante larga porque he tenido que especificar cada una de las cosas que llevo. No se me puede olvidar nada, ya que después de ir a España, voy a Northampton a hacer las prácticas y no pasaré por casa.

Como de costumbre, todas las cosas que voy a llevar van clasificadas en un sistema de doble eje. Por una parte, categoría (y esto es ropa, zapatos, aseo, regalos,...), y por otra parte localización (maleta grande, maleta pequeña, bolso o mochila y ropa puesta). Parece complicado pero con una sencilla tabla de word esto queda totalmente claro. Y diréis... ¿pero para qué gasta tanto tiempo esta tía es esto? Bueno no, ya sé que lo que diréis es que haga lo que quiera, ¿pero para qué me lo cuenta? Pues obviaré la segunda pregunta y a la primera os diré que este sistema más que ayudarte a perder tiempo, te permite ahorrarlo. Soy capaz de hacer una maleta para un mes en aproximadamente veinte minutos si tengo bien interiorizada la lista. Y sin olvidarme nada.

En realidad, también lo hago porque tengo un problema enorme con las listas. Hago listas para todo. Ahora mismo entre mi mesa y mi ordenador, puedo ver unas nueve:
  • La del equipaje que llevaré a España.
  • La de la compra que tengo que hacer mañana.
  • La de libros que me han recomendado leer últimamente.
  • La de entregas y exámenes de este semestre.
  • La de pagos e ingresos de diciembre.
  • La de capítulos que me quedan de ver o descargar de Hospital Central.
  • La de emails que tengo que escribir.
  • La de las cosas que tengo que hacer mañana, en plan agenda.
  • Y esta misma, que es una lista de listas (sí, subo la publicación y voy a por Prozac).

¿Y por qué tanta lista? Pues no lo sé... pero digo yo que porque me ayudarán a estructurar mentalmente mi tiempo. Hago listas escritas, listas mentales... Y, ¿qué mejor sensación que ir tachando cosas ya hechas?

Así que... según la hora que es... me queda:
- Publicar esto.
- Poner a cargar un capi de Malviviendo para dormir (http://malviviendo.com/ si no la conocéis, este es el momento).
- Ir a por agua y pasar por el baño.
- Y a la camita.

¡Buenas noches! o... ¡buenos días!

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Y tú, ¿eres optimista?

Dicen que ser optimista es ver el vaso medio lleno. Si el vaso está vacío, está vacío. Yo creo que ser optimista es buscar la mejor manera para llenarlo y dejar de engañarnos.

Pensar que todo va a salir bien me parece de una pasividad tremenda. Las cosas no salen bien porque sí, o al menos a mí no me salen bien porque sí. Las cosas salen bien porque se trabajan, y hay que trabajarlas mucho.

Hombre, también tiene su papel la suerte, pero digo yo que el número de Leprechauns a nuestro servicio es más bien limitado. Así que antes de dejarlo todo al azar, será mejor coger las riendas de nuestra vida y conducirlo todo hasta el destino con el que soñamos.

Vale, ya lo sé, que a veces los sueños se tuercen un poco, o un mucho, o incluso se acaban convirtiendo en pesadillas. Pero ahí vuelve a entrar en juego nuestro optimismo para hacer clic, despertarnos, y valorar la mejor solución para salir de ahí.

De nada sirve lamentarse una y otra vez sobre lo mismo si no intentamos cambiarlo. Y luego me preguntan por ahí que por qué soy tan borde. No soy borde (bueno sí, un poquito), ¡me canso del pasotismo y del quejarse! Me canso de la gente que no ve que sus problemas pueden tener solución. ¿Que es difícil?, ¿y qué? ¿No es ya bastante bueno que la tenga? ¿También nos tenemos que quejar de que sea difícil? Y entonces, ¿qué narices vamos a hacer cuando nos enfrentemos a nuestro primer problema sin solución? ¿Hundirnos en nuestra propia miseria?

Venga ya gente, reaccionad, que hay mucho que vivir, y no tanto tiempo para vivirlo todo. Dejad de perder el tiempo llorando y empezad a emplearlo buscando remedios creativos. Y no tengáis miedo de pedir ayuda. Porque seguro que todos tenemos un buen puñado de personas que estarán encantadas de ayudarnos. Ahora bien, recordemos que una cosa es pedir ayuda y otra aprovecharse del prójimo.

¡Ay, cómo me voy del hilo!, empiezo hablando de optimismo y acabo metiéndome con los aprovechados. Pero nunca es tarde para retomar. Que hay que ser optimistas, que no es algo genético, y que decir que no nos sale, no vale. Todo el mundo puede hacerlo y además se retroalimenta. Cuanto más optimista eres, con más felicidad afrontas la vida; cuanto más feliz estás, mayor es tu nivel de optimismo. Una vez que entras en ese círculo ya es mucho más fácil quedarse dentro.

Así que dejad que el sol os despierte, estiraros en la cama oliendo el perfume del jabón en las sábanas, daros una ducha de agua calentita, y empezad el día sonriendo. Hoy puede ser el primer día del círculo.

Y si queréis leer algo más: http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/ (si os sale en inglés, en la columna de la derecha la primera opción es cambiar el idioma). Registraros, merece la pena.

martes, 22 de noviembre de 2011

Cicatrices.

Hoy, mientras me estaba acicalando para ir a trabajar (lo que consiste básicamente en echarme crema a la cara) estaba pensando sobre qué podría escribir. Cuando me miro al espejo (ya que no siempre lo hago al ponerme la crema), me quedo mirando las pequeñas cicatrices que tengo en la cara. Así que pensé... si me gustan, ¿por qué no escribir sobre ello?

De hecho no me gustan, me encantan las cicatrices. Siempre he pensado que son como historias. Historias que pueden contarse una y otra vez. A diferentes personas. En diferentes situaciones. Y nunca suenan igual.

Trabajando con niños he descubierto que tener cuatro o cinco cicatrices visibles por el cuerpo pueden ayudarte a salvar una improvisación sin ningún material. Puedes enganchar a 25 parvulitos contándoles cómo aquella vez que tuviste que luchar a pedradas con las tres momias fuiste incapaz de esquivar un proyectil y te marcaron en la ceja. O cuando haciendo submarinismo un tiburón te mordió un poco en una rodilla. Lo mejor de todo, ver cómo tus cuentos van evolucionando cuando los oyes después de que hayan pasado por unos cuantos niños.

Y hablando de las historias detrás de nuestras cicatrices, se me viene a la mente la famosa cicatriz de Harrison Ford en la barbilla, que estoy segura de que será una de las que más historias guarda. Aunque en realidad se la hizo en un accidente de coche, en Indiana Jones vemos cómo su yo joven (River Phoenix) se hace la herida con un látigo; y en Armas de mujer, Harrison chulea diciendo que es una secuela de una pelea con navajas, aunque luego admite que se la hizo cayéndose desmayado al agujerearse la oreja. Muchas más escenas han sido rodadas explicando la historia de su cicatriz en esa película en particular (de hecho era una cláusula de su contrato), pero por unas causas u otras, finalmente esas escenas no fueron añadidas a las películas.

Personalmente, creo que algunas cicatrices, además de interesantes, son bien sexys. Como la de Joaquin Phoenix en el labio (resultado de la cirugía correctora de labio leporino unilateral). Es más, hay culturas que ha hecho de las cicatrices un arte, y en el occidente septentrional, siempre copiando, las escarificaciones (cicatrices artísticas) son cada vez más frecuentes.

Como ya sabéis que me gustan las listas, esta es la de mis cinco cicatrices preferidas de todos los tiempos:
- La cicatriz que le hizo un tiburón (o un oso, o un cocodrilo, no me acuerdo bien) a mi tío Seve detrás de la oreja.
- La cicatriz que tiene mi padre en la uña del dedo pulgar de la mano.
- La cicatriz en mi ceja izquierda... soy zurda hasta para caerme.
- La cicatriz (enorme) que tiene Kilian en la tripa. Además de impresionar ver a un niño sin ombligo impresiona cómo lo acepta y cómo le encanta enseñarla y contarte su historia.
- La cobarde cicatriz de Anakin Skywalker atravesándome la mejilla, el párpado y la frente, que se fue para no volver después de usar mucho extracto de rosa mosqueta.

Y para acabar... una cicatriz musical, de buen rollete. Scar Tissue (Tejido cicatrizal) de los Red Hot Chilli Peppers.



lunes, 21 de noviembre de 2011

Mis 20 placeres... confesables :)

El otro día leí en el blog de mi amigo Jesús (http://jessonthebridge.blogspot.com) una entrada que me encantó. Se trata de listar las veinte actividades o situaciones que suponen un placer para ti. Seguro que se me olvida alguno, y que incluyo otros menos importantes... pero ahora mismo, estos son mis 20 placeres.
  1. Llegar al cole, sonreír a mis niños y que alguno se escape del circle time (momento de asamblea) para venir a darme un beso o un abrazo.
  2. Escuchar como boba al profesor de mi asignatura favorita y entender todo mi mundo a partir de lo que dice.
  3. Despertarme por la noche, descubrir que me quedan unas cuantas horas para dormir, dar la vuelta a la almohada para encontrarla fresquita, y volver a dormirme escuchando la respiración de esa otra persona.
  4. Entregar un trabajo, acabar un examen, terminar una entrega,... y sentir esa plenitud por haber hecho todo lo que me tocaba.  
  5. Y después... recibir una buena nota, con buenos comentarios en los márgenes.
  6. La sensación de que queda poco para hacer algo que me gusta o ver a alguien a quien hace mucho que no veo. Justo esa sensación que tengo ahora mismo.
  7. Entrar en Internet, ver fotos de mis niños de años anteriores y sonreír como una tonta. O pensar que me hago vieja viendo la graduación de bachillerato de los primeros niños que tuve como monitora de campamento.
  8. Oír como Nathan dice mi nombre y darme cuenta de que hasta un María con 3 fonemas confundidos puede ser la mejor palabra del mundo.
  9. Diagnosticar trastornos de todo tipo conociendo a alguien por 5 minutos y luego descubrir que he acertado.
  10. Ir al cine con Belén, comprar palomitas, chuches, lacasitos y mucha cocacola y que luego por la noche nos duela la tripa en la cama. Quedarnos despiertas por el dolor (y por la cafeína) y descubrir que cada día puedo hablar más cosas con ella.
  11. Viajar acompañada, hacer mil planes en el medio de transporte y luego pasar largas horas sentados en un banco arreglando el mundo.
  12. Tirarme horas hablando con mis padres de cosas que hemos hablado mil veces, con la misma intensidad que al principio, y pensar que tengo suerte.
  13. Reírme hasta las lágrimas por tonterías, tener tardes de domingo raras, y dejar documentos por escrito sobre ello.
  14. Llegar a casa después de trabajar, de estudiar, de cansarme... abrir el GoogleTalk y que todos mis problemas desaparezcan por arte de magia.
  15. Ayudar a mi hermana con su tarea de Science, aprender cosas nuevas, y pensar que, a sus 10 años, me da mil vueltas.
  16. Compartir una toalla tirados al sol en un parque y estudiar notando la hierba.
  17. Conseguir que ese niño que no habla con nadie me cuente toda su vida, haga bromas y hasta me pregunte por cosas personales... y darme cuenta de que puedo pisotear los rasgos autistas cuando quiera (o quizás adoptarlos tan profundamente que llego a no verlos).
  18. Cuidar a esa persona especial y pensar que su vida lo importa todo, que a él la tuya le importe todo, y sentir que ese equilibrio puede durar para siempre.
  19. Hablar con mis amigos y notar ese entendimiento que a veces roza la unicidad, incluso aunque no estemos de acuerdo.
  20. Pasear por la ciudad cuando hace frío, hablando de todo y de nada, y comprar castañas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Empezar...

No sé ni para qué abro un blog más, pero hoy me apetecía. De cuando en cuando me dan este tipo de ansías creadoras, aunque suelen durar más bien poco. Pero soy partidaria de no frenarlas... por si acaso surge algo. A veces me da la impresión de que hago las cosas solo por si acaso. Como si no estuviera convencida. Pero si con el tiempo acabo de convencerme... supongo que me vale :)

En fin, que se admiten apuesta sobre cuánto durará este impulso. Si dentro de 8 meses sigo publicando periódicamente, estáis invitados a una cocacola (o lo que sea menester).

¿Y todo esto por qué?... Pues... porque hoy... estoy feliz.